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Traducción del texto origen

Esta es nuestra propuesta de traducción:        

LA NUEVA ALEMANIA

  

El juramento ante el cargo de ministra de Aygül Özkan abre un nuevo capítulo de la historia de la inmigración en Alemania. Todos deben integrarse, incluidos Roland Koch y Markus Söder. Es bueno que Aygül Özkan haya llegado a ser ministra. Con su nombramiento, empieza el cambio a través de Alemania, el que Roman Herzog imaginó, aunque este se presente algo distinto. El cambio tiene 39 años, nació en 1971 en Hamburgo y sus padres son inmigrantes turcos.      

El cambio es una abogada.      

El cambio es turco-alemán y cogió carrerilla en Ankara, el lugar del que sus padres emigraron para llegar a Alemania en los años sesenta.      

Pero este cambio empieza de una forma ligeramente confusa, con una disputa acerca del símbolo de la cruz en las aulas. Este empezó con la exigencia de la ministra de la UCD de Baja Sajonia de prohibir los símbolos religiosos en las escuelas, pero tendrá que retirarlo debido a la presión del primer ministro de Baja Sajonia.      

Como si no hubiese ocurrido nunca. Esta polémica nos recuerda a la gran controversia acaecida hace 20 años, cuando el Tribunal Constitucional de la República Federal llevó a cabo la propuesta, para finalmente dejarla pasar.      

La referencia a esto es ya de por sí a oportuna, pero no aclara la situación actual: La prestación de juramento de la ministra Özkan abre un nuevo capítulo en La historia de la inmigración alemana, que quizá sea un nuevo libro. Se espera que comience la tercera unidad alemana, que Dios nos ayude.      

A la historia de la prestación de juramento de la ministra con acento turco no le afecta negativamente que Aygül Özkan haya entrado de nuevo en la lucha contra el crucifijo. Es menos típico de ella, que de su partido.      

Aygül Özkan ha tocado con independencia e ingenuidad un tema tabú en su partido. Pero esto ya no tiene vuelta atrás, la Unión deberá acostumbrarse a esta irritación al igual que la sociedad en su conjunto.      

Alemanes con nombres como Evrim Baba, Mustafa Kara, Eran Toprak o Nesrin Yilmaz (se trata de políticos aún no muy conocidos), introducen otra cultura, otra forma de pensar y experiencias de la de aquellos alemanes registrados oficialmente como Roland Kolch, Peter Müller, Stefan Mappus o Markus Söder.      

Estas otras experiencias no se pueden esterilizar y homogeneizar. Este tipo de procedimientos quizá sean aptos para la leche y su prolongación, pero no para la de la sociedad alemana.      

La primera unidad alemana comenzó en 1949 con la integración de los refugiados y los expulsados tras la Segunda Guerra Mundial. La segunda unidad alemana se inició en 1989 con la caída del Muro de Berlín.                                                                                                                     

La tercera unidad alemana ha comenzado ahora, el 27 de abril de 2010 en Hannover.      

La toma de posesión de Aygül Özkan quebró una de las piedras del Muro, que separa a los miembros de la sociedad de los inmigrantes.      

Diputados de origen turco como Lale Akgün del SPD (Partido Socialdemócrata Alemán), Cem Özdemir y Ekin Deligöz de Los Verdes ya sacudieron este Muro. Aygül Özkan nos demuestra ahora que un inmigrante no sólo puede acceder al Parlamento sin tener un tradicional nombre alemán, sino que también puede llegar a ocupar altos cargos gubernamentales.      

Esa es la diferencia entre Aygül Özkan y Philipp Rösler, el Ministro Federal de Sanidad de origen vietnamita, que llegó a la edad de ocho meses a Alemania como huérfano de guerra y fue adoptado por padres alemanes. Él no tuvo que luchar contra los prejuicios en contra de los musulmanes. Rösler no pertenece a la generación de trabajadores inmigrantes ni a sus hijos, cuyo futuro y destino en Alemania se ha debatido con afán durante medio siglo.      

Los políticos alemanes han hecho la vista gorda durante muchísimo tiempo con respecto a los trabajadores inmigrantes. Cuando se dieron cuenta de que habían “invitado” a trabajadores como Max Frisch y que la gente ya había llegado, los quisieron convertir en repatriados; querían deshacerse de ellos otra vez.      

  

La integración es también asunto nuestro

En lugar de las intensivas medidas de integración, como ya desde 1979 había reivindicado Heinz Kühn, el primer portavoz del colectivo de inmigrantes del Gobierno Federal, que huyó tanto de la política de gobierno de Helmut Schmidt como de la de Helmut Köhl en cuanto a programas de repatriación; se proclamó el cese de contrataciones, se promulgó leyes de retorno voluntario, se pagó de antemano y se tomó estas medidas como la solución ideal.      

Esto ocurrió hace mucho tiempo, sin embargo, tuvo una evolución negativa. Aygül Özkan es un excelente símbolo de un nuevo programa, que podría ser llamado Programa de Conciencia. La generación de inmigrantes llega a la sociedad alemana.      

Aygül Özkan ha enseñado con su primera aparición, lo que el ministro de integración de la CDU (Democracia Cristiana) de Renania del Norte-Westfalia, Armin Laschet, ha predicado durante mucho tiempo a sus compañeros de partido (y no sólo a ellos): la integración es también asunto nuestro.      

La integración no sólo concierne a los recién llegados, sino también a los ya residentes. La integración pone en tela de juicio antiguas certezas. La integración implica que la mayoría de la sociedad tenga que discutir de nuevo sobre antiguas cuestiones; la disputa sobre los crucifijos, que representa la relación entre Iglesia y Estado en Alemania, es solamente un ejemplo.

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